
En estos últimos tiempos la delgadez pasó a ser un valor preciado por una sociedad que sabe de ajustes y dietas flacas. En este contexto el mandato cultural de que “hay que estar delgada para tener éxito” lleva a que, sobre todo las mujeres, se sometan a todo tipo de padecimientos que en algunos casos llevan a la muerte. Alimentos light, edulcorantes y largas sesiones de abdominales se transformaron en un combo “necesario” para estar cada día más lindas, tal como lo proponen desde el marketing las empresas que hacen de lo estético un “gran negocio”.
Más allá de la imagen está archiprobado que el exceso de peso no es bueno para la salud. De eso podrían hablar largo y tendido los cardiólogos, traumatólogos y nutricionistas quienes alertan sobre los riesgos de la hipertensión, diabetes, enfermedades renales y cardiovasculares, entre otras calamidades, ligadas al exceso de peso. Pero la cuestión es analizar cuáles son las razones que llevan a que una mujer baje de peso. Para ellas, ¿es más importante la estética que la salud? ¿A los hombres no les afecta estar gorditos?
Según Ester Burde, con 65 años y 56 kilos menos, “dejé de ser la gordita simpática, que siempre hace chistes, para convertirme en un oso hormiguero que no salía de su casa y se la pasaba todo el día comiendo”, cuenta. Para ella, el “click” que le hizo tomar conciencia de su problema (llegó a pesar 168 kilos) fue su hijo que le preguntó si lo quería, porque “te estás matando”, le dijo. Ester admite que hacía diez años que no se miraba al espejo y que si bien su marido nunca se lo recriminaba se dio cuenta que así no podía seguir y buscó ayuda en un psiquiatra. “Me hizo ver que estaba enferma e hizo que me preguntara porqué hacía sufrir a mi hijo y a mi marido”.
“De joven era gordita —prosigue—. Era una gorda linda, simpática y a eso le agregué un toque de seducción, lo que hacía que la gente no me rechazara. Así anduve por la vida sin demasiados tropiezos, porque además no me costaba encontrar novio”, rememora.
La mujer que hoy celebra su nueva imagen y reconoce que “volvió a vivir” y que es feliz, accedió siempre a costosos tratamientos para adelgazar que finalmente fracasaban, hasta que conoció a los miembros del grupo Compartir.”Con los otros grupos no me enganchaba, eran demasiado obsesivos. Soy una persona que siempre fui al frente, alegre, charlatana y esta vez me la quise jugar. Me admiro que pude hacerlo, me quiero y me respeto”, resume Ester y confiesa que ahora su meta es no perder la felicidad que recuperó.
“El hombre baja de peso más rápido que la mujer —agrega—. En cambio aquella que baja medio kilo en una semana si sube 100 gramos se desmoraliza y abandona el tratamiento”.
Beatriz, de 49 años, bajó 14 kilos con un plan alimentario. Ella se puso a dieta por razones estrictamente de salud, aunque reconoce que “lo estético siempre influye”. “La que es gordita y dice que no le importa, miente”, asegura, y admite que ahora que está más delgada, se siente “más linda”, sobre todo porque puede ponerse la ropa que le gusta.
Para Miriam Gille, de 59 años, bajar de peso también fue una cuestión de salud. “La estética no me importaba tanto”, dice, y agrega que “prefería ser una gordita feliz y no una flaca histérica”. Miriam se ocupa hoy de llevar al día las fichas de cada uno de los integrantes del grupo y de todo lo relacionado con las tareas administrativas. “En cada reunión traemos un tema para charlar y todos participan —cuenta—. Venimos de grupos que eran muy verticalistas donde había un dueño de la verdad que manejaba todo”.
En cambio a Graciela, esposa de Francisco, siempre le afectaron los kilos de más. “No me gustaba verme al espejo”, dice, a pesar que su sobrepeso nunca pasó de los 4 ó 5 kilos. “No es que me recluía en casa ni dejaba de usar malla, pero no me sentía bien con mi cuerpo”, reconoce.
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El clic
Emilio Tarallo (61 años), uno de los fundadores del grupo Compartir, reconoce que la “gordura” no le afectaba por una cuestión de imagen sino que porque “me impedía tirarme al suelo para jugar con mis nietos”. A esto se sumaban también problemas de presión arterial alta y azúcar en la sangre. Emilio bajó 35 kilos y aunque no lo dice en primer lugar está feliz porque puede usar remeras más lindas. “Cuando me ví delgado me gustó, me puedo atar los zapatos con cordones, llevar a mis nietos en brazos, esas cosas te animan. Son pequeños objetivos que te ayudan a vencer a nuestra mano derecha que se lleva la comida a la boca”, dice.
Lo mismo le ocurrió a Francisco Gatti, que bajó 25 kilos y hace tres años que mantiene su peso. “Empecé la dieta por problemas de salud (tenía hipertensión), lo estético no me afectaba”, dice. Con la pérdida de peso Francisco se dio cuenta que había dejado de hacer muchas cosas, como caminar o subir escaleras porque se agitaba, o simplemente rascarse la espalda.
“En el grupo hablamos el mismo idioma y todos tenemos el mismo problema. Nadie dice que sea sencillo, pero tampoco es imposible”, subraya Francisco. “Lo más importante es aceptar que estoy haciendo las cosas mal, si lo acepto, puedo cambiar mis hábitos”, agrega.
Al grupo concurren más mujeres que hombres y dicen que cuando estas adelgazan “los maridos se ponen celosos porque a ellas les sube la autoestima y se animan a ponerse ropa más ajustada”
Quiero y puedo
El “leiv motiv” del grupo Compartir es “quererse y valorarse” y para eso ofrece reuniones semanales. Para su funcionamiento cuentan con dos locales prestados ubicados en Iriondo 1120 y Garay 175 bis.
Además de las charlas y el asesoramiento psicológico, entregan material de lectura y recetas. “El primer desafío es decidirse venir al grupo; el segundo, escuchar el mensaje, aceptarlo y ponerlo en práctica, y finalmente, ¿por cuánto tiempo estamos dispuestos a hacerlo?”, sintetiza Emilio Tarallo.
El teléfono de contacto es el 4314508
Fuente: LA Capital (Rosario)








