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El 75 % de sanatorios privados opera sin registro y sin control

Salud en Paraguay: ¿Servicio o Negocio?

Solo 419 de los 1.200 establecimientos médicos están registrados. Sanatorios lujosos ofrecen buena hotelería, con personal insuficiente y explotado laboralmente. El gran perjudicado es el paciente.


El superintendente de Salud, doctor Félix Ayala, inspecciona las instalaciones del Sanatorio Migone.

Blanca Noemí Colmán, una abogada de 36 años de edad, se somete a una cirugía de lipoescultura en el Centro Médico Aldubi, propiedad del cirujano plástico peruano Julio César Aldana, en Fernando de la Mora, y fallece en el quirófano en la mañana del sábado 21 de mayo. La clínica ya soporta varias denuncias anteriores por casos de presunta negligencia médica.

Gastón Joaquín Giret Ruiz Díaz, un bebé saludable y rozagante, nacido en óptimas condiciones de salud, con apenas un día de vida, muere inexplicablemente asfixiado en la sala de maternidad del prestigioso Sanatorio Migone, de Asunción, en la madrugada del domingo 22 de mayo, tras ingerir un complemento alimentario proporcionado por una enfermera.

Una niña de 4 meses de vida, ingresada por una afección respiratoria en el Hospital Regional de Coronel Oviedo, fallece el jueves 20 de mayo tras una excesiva demora, mientras la humilde madre buscaba juntar desesperadamente los 250.000 guaraníes que una médica le habría exigido ilegalmente para poder trasladarla a Asunción.

Son tres casos que conmovieron a la opinión pública durante la última semana, sumados a centenas de casos anteriores similares, que instalan de nuevo una sensación de indefensión y peligro en la ciudadanía, no solamente ante un sistema de salud pública que -pese a sus importantes avances- sigue exhibiendo grandes carencias y precariedades, sino incluso ante lujosos establecimientos médicos y sanatorios privados, en los que -según diversos testimonios- se paga muy caro, pero solo se recibe “buena hotelería”, pues el personal contratado es en gran medida insuficiente, de calidad y cantidad muy deficiente, y expuesto a una sobreexplotación que deriva en situaciones de mala atención, y que ponen en riesgo la salud de los pacientes.

Última Hora inicia desde hoy una serie de reportajes periodísticos que se propone relevar cuál es la verdadera realidad de los establecimientos médicos privados, abrir el debate acerca de las muchas denuncias sobre presunta irresponsabilidad, mala praxis o negligencia médica, los negociados con los seguros médicos o sistemas de medicina prepaga, además de otros aspectos relacionados al tema.

ESCASO CONTROL. El primer dato que salta a la vista es el gran número de establecimientos médicos privados que ni siquiera están inscriptos en el Registro Nacional de Entidades Prestadoras de Servicios de Salud (Rnepss).

De aproximadamente 1.200 hospitales, sanatorios, clínicas especializadas, policlínicas, centros de diagnósticos, laboratorios de análisis, empresas de medicina prepaga, servicios prehospitalarios y otros dedicados a prestar servicios de salud o asistencia sanitaria, en el sector privado, solo 419 (que constituye el 35 %) se han inscripto hasta ahora ante la Superintendencia de Salud, y por lo tanto, están sujetos a algún tipo de control y fiscalización por parte de este organismo.

Es decir, 781 de estos sanatorios y establecimientos médicos privados (el 65 %) en todo el país, no se encuentran inscriptos, y por lo tanto funcionan sin registro y sin control alguno, según confirma a Última Hora el propio superintendente de Salud, doctor Félix Ayala.

“La mayoría opera solo con la habilitación del Ministerio de Salud (algunos ni siquiera la tienen), porque durante mucho tiempo no hubo control. Recién ahora comenzamos a exigir que se registren y hay muchísimo por hacer. Estamos instando reiteradamente a estos establecimientos a que se inscriban y ponemos un plazo hasta fin de año para regularizar todo. Si no lo hacen, se exponen a ser pasibles de multas y clausuras”, destaca el doctor Ayala, quien se hizo cargo en diciembre último de la institución creada en 1998, pero que recién desde 2006 cuenta con el respaldo de la Ley 2319, que establece su función controladora.

DIFERENCIAS. En este marco de ausencia de control e impunidad se amparan personas y grupos empresariales que en los últimos años han realizado costosas inversiones en la habilitación de sanatorios y establecimientos médicos, pero sin cumplir requisitos mínimos exigidos en cuanto a calidad y cantidad de personal.

Mientras la normativa establecida en la Ley 2319 establece que la guardia de un sanatorio u hospital de complejidad debe estar constituida por un pediatra, una obstetra, un cirujano y un clínico, los testimonios que ÚH irá publicando revelan que solo tienen un médico de guardia, generalmente recién recibido y con poca experiencia. En algunos sanatorios ni siquiera hay médicos de guardia que permanecen, pues se los llama por teléfono para que acudan cuando hay algún caso de urgencia.

La Ley también establece que debe haber una enfermera por cada 20 camas durante la noche, y una enfermera por cada 10 camas en salas comunes, durante el día. En Pediatría debe haber una enfermera por cada 5 camas, igual en Nursería, pero el testimonio de varias enfermeras muestra que la realidad está muy lejos de este requisito. Hay sanatorios que designan a una enfermera para siete habitaciones con guardia de 12 horas cada una, y en horarios nocturnos se amplía el número de habitaciones. En una sala neonatal hay hasta 12 bebés con una sola enfermera.

Fuente: Susana Oviedo y Andrés Colmán Gutiérrez para Ultima Hora

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