Mientras la economía europea sufre y los Estados Unidos adolece, las preocupaciones financieras y la incertidumbre elevan el riesgo de padecer eventos cardíacos.

La economía europea y la estadounidense están empezando a sentir los coletazos de una importante crisis, tal vez en algún punto similar a que ocurrió en nuestro país hace ya 10 años.
Tanto en ese momento en la Argentina como ahora en otros países del mundo los especialistas empiezan a analizar la relación entre los problemas financieros, el estrés que estos generan y la posibilidad de que –por esa combinación– una persona sufra eventos cardíacos.
“Cuando un evento natural, económico o social genera mucho estrés en una población, el riesgo de ataques cardíacos –infartos y arritmias– se incrementa marcadamente. Concretamente, ‘las crisis económicas rompen corazones’. De hecho, este fenómeno se estudió a través de múltiples estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hallándose un incremento de la mortalidad cardiovascular, especialmente en los países en vías de desarrollo”, comentó el Dr. Horacio Fernández, jefe de la Unidad Coronaria del Hospital Universitario Austral (HUA).
En el caso de la Argentina, el cardiólogo opina que sin dudas la crisis que vivimos en el 2001 marcó un hito en lo referente al estrés que puede sufrir la población. “El ‘corralito’, la devaluación, la pérdida de empleos, los cambios de presidentes ocasionaron más ataques cardíacos que los ocurridos en los años previos, al mismo tiempo que se registró una evolución notablemente peor, con mayor mortalidad”, agregó el especialista.
Incluso la relación entre el estrés y el sufrimiento del corazón se analizó también en relación con las guerras, los terremotos, los ataques terroristas o los partidos definitorios.
“En los cuartos de final del Mundial de Fútbol del 2006, cuando Alemania descalificó a la Argentina por penales, en las guardias de hospitales germanos se registró el mayor número de eventos cardiovasculares, tomando como comparación los 3 años previos, así como también otros partidos jugados por Alemania en ese mismo mundial. Lo que no sabemos, por falta de estadísticas, es qué ocurrió en la Argentina”, ejemplificó Fernández.
Un tema aparte es el de los factores asociados, ya que, siguiendo con el ejemplo anterior, en las personas con problemas cardíacos previos, el riesgo de sufrir un ataque se cuadruplicó.
“Por esto, para prevenir eventos –aun cuando la reacción del organismo frente al estrés en algún punto es imposible de evitar– es muy importante detectar oportunamente los factores de riesgo, y tomar la medicación necesaria, además de por supuesto contar con el asesoramiento y el control de un especialista. Los medicamentos son importantes porque bloquean los efectos del estrés sobre el corazón”, refirió el Dr. Horacio Fernández.
“Por otro lado, si existen reacciones exageradas frente a las emociones es recomendable realizar una consulta con profesionales de la salud mental para utilizar medios farmacológicos (ansiolíticos) y no farmacológicos (yoga, meditación, relajación) que puedan ayudar a reducir el impacto”, añadió.
Finalmente, hay que recordar que en los momentos de estrés se duerme menos, se fuma más, se toma más alcohol y se hace menos ejercicio. Todos estos son factores que contribuyen al desarrollo de problemas cardiovasculares. Por ende, evitar estos factores de riesgo obviamente reducirá parte del impacto del estrés en nuestro corazón.
“Podemos concluir que ‘la salud del sistema económico’ está directamente relacionada con la de las personas. Esto fundamentalmente es así porque el cuerpo se prepara para el estrés (ya sea para pelear o para huir) incrementando el nivel de adrenalina, así como también la coagulación y la respuesta inflamatoria. El incremento de adrenalina, a su vez, acelera el corazón y sube la presión para que el nivel de sangre circulando sea mayor y los órganos estén bien nutridos”, refirió el Dr. Fernández.
La coagulación prepara al cuerpo para que las heridas provocadas en la lucha no sangren. La respuesta inflamatoria está destinada a luchar contra los gérmenes que puedan infectar esas heridas. Lo malo es que estos mismos elementos colaboran con la aparición de arritmias, la formación de coágulos y la rotura de placas de colesterol en las arterias, “factores que favorecen el infarto”, completó.









