
Por Dr. Ernesto Saravia Day
Director del Hospital Arturo Oñativia
La medicina de hoy considera especialidad a la preocupación por la enfermedad en sus orígenes, para abolir o modificar los factores causales.
La derivación de un paciente complicado a un especialista munido de tecnología de punta y recursos, muchas veces paliativos, era el concepto que hasta no hace mucho se tenia de ESPECIALIDAD.
La medicina de hoy considera especialidad a la preocupación por la enfermedad en sus orígenes, para abolir o modificar los factores causales después de un diagnostico epidemiológico.
Estos conceptos, a fuerza de repetirse se convirtieron en un lugar común sin capacidad de generar cambios en las políticas y en las instituciones.
La ejecución del presupuesto de salud, actualmente otorga prioridad a solucionar la demanda. Dicha demanda la genera la angustia del enfermo y sus familiares que fueron sorprendidos (por falta de información) por la enfermedad, generando un entorno consumista donde se dan cita la política, la burocracia la tecnología y la intermediación para parasitar el sistema , consumiendo gran parte del presupuesto.
La población sana no demanda acciones preventivas, por ello el estado debe implementarlas sin esperar tal demanda.
Por tales razones, en salvaguarda del presupuesto y la calidad de vida de la gente se hace necesaria una legislación que propicie especialistas capaces de actividades de extramuro e instituciones volcadas a la comunidad en acciones preventivas, brindando los servicios que no se demandan y que muchas veces son mas importantes que los demandados.
Los efectores del Estado, están en condiciones de operar este cambio al no contar con impedimentos administrativos ni legales. Solo falta una madurez política que opere el cambio.
Es diferente la situación de las obras sociales y la medicina prepaga, que solo tienen la obligación de satisfacer la demanda inevitable junto a la que genera la falta de prevención y el consumismo médico.
Las precedentes afirmaciones hablan a las claras de dos sistemas de salud con diferentes motivaciones y objetivos. Uno de ellos financiado por los beneficiarios de la medicina prepaga y las obras sociales, eximido de obligaciones con el resto de la sociedad. El otro son los efectores del estado financiado por los contribuyentes, incluyendo aquellos carenciados con graves obstáculos para acceder al sistema de salud, y los beneficios están destinadas a toda la población, sin excluir los beneficiarios de la medicina prepaga y las obras sociales.
Esto significa que el esfuerzo y el peso de la medicina sanitaria y preventiva lo lleva el sistema de salud de los carenciados, es decir el Hospital Público en beneficio de toda la población, quedando relevado de esta obligación el sistema de los pudientes, léase obras sociales y prepagas.
Estos dos sistemas, con objetivos estrategias y motivaciones diferentes crean injusticias además de superposiciones y antagonismos que van en detrimento de la sana administración de los recursos Se hace imprescindible la fusión de los dos sistemas con presupuesto único y objetivos compartidos.
El procedimiento a seguirse está explicitado en nuestra constitución Provincial en su artículo 42 que obliga al Poder Ejecutivo a elaborar un plan de salud dando participación a los sectores socialmente interesados.
Pareciera que nuestros administradores y legisladores no acompañan la dinámica del tiempo modificando el marco legal y administrativo que permita un sistema de salud acorde a las necesidades de la población.
Los gobernantes están obligados a elaborar políticas de estado que generen consenso y compromiso de todo el espectro político.
Dichas políticas de estado son la garantía para la continuidad de proyectos, y no los gobiernos o las personas, las cuales deben renovarse periódicamente.









