La edad promedio de ingreso bajó de los 50 a los 20 años

Graciela Negri, jefa de servicios de externación que en La Plata cuenta con tres casas
La población que recurre a las instituciones de salud mental es cada vez más joven: del promedio de personas de 50 años de edad que ingresaba hace dos décadas, la edad de ingreso actual es de entre 20 y 30 años. ¿Las razones? La hipótesis para explicarlo, según Graciela Negri, jefa de servicios de los tres centros de externación de la ciudad, es la cantidad de información que hoy circula socialmente, que provoca que las patologías psiquiátricas se tomen como algo habitual y ya no sean mala palabra. Para Antonio Areco, director provincial de Salud Mental, la problemática de las adicciones incide en la baja en la edad de los usuarios de los diferentes servicios: “El promedio de edad de inicio en el consumo de alcohol es de 11 años, lo cual luego deviene en patologías de la personalidad como la depresión y la ansiedad, que desencadenan los problemas de salud mental”, ensayó el funcionario y psiquiatra a Diagonales.
El dato de la baja en la edad surge de un relevamiento que Negri está realizando desde hace un año, alrededor de la población de los centros de externación de la ciudad: el Centro de Día Franco Bassaglia, el Pichón Riviere y la Casa de Pre- Alta. “No sé con qué tiene que ver, a lo mejor tenga que ver con que hay mayor acceso a la información, el concepto de Salud Mental y tratamiento, si bien es muy prejuicioso, la gente se asombra menos de las enfermedades mentales. Tiene mayores conceptos de qué es una depresión, aún en las clases más bajas”, aseguró la psicóloga.
Las tres instituciones que Negri coordina dependen del Hospital Neuropsiquiátrico Alejandro Korn, y funcionan con talleres de diferentes disciplinas: teatro, cocina, plástica, música, educación física, radio, manualidades y tejido, entre otros.
Si bien la mayoría de las personas contenidas en esas estructuras de externación provienen de años de internación en el neurospiquiátrico, también llegan derivados de otros hospitales, y miembros de la comunidad en general que acuden para hacer un tratamiento voluntario. “Mi idea es que estos lugares estén abiertos a la comunidad, pero no tenemos estructura, capacidad ni recursos humanos para absorber a toda la comunidad”, confesó Negri.
En total, los tres centros tienen 295 usuarios, cada uno de ellos con su propio régimen. Algunos concurren durante el día y se vuelven al hospital, otros asisten a los talleres, tres veces por semana, o un solo día. “Lo que siempre se evita es la institucionalización en los centros, porque así como se produce en el Hospital también se puede producir en los centros. La condición de encierro es un factor que hay que tener muy en cuenta: se les da la medicación, tiene contención psicológica, algunos hasta comen, pero nuestra función es que tengan autonomía. Que si tienen un problema clínico concurran a la unidad más cercana. El nuestro es un trabajo a largo plazo”, explicó Negri.
Las patologías salientes entre los usuarios son los diagnósticos de esquizofrenia, los trastornos vinculados a las adicciones, y, por último, los trastornos de personalidad.
Según su relevamiento, la capacidad laboral de quienes acuden al centro es muy baja: “El 70%, son desocupados. Es muy poco el porcentaje que está empleado en relación de dependencia en organismos estatales o privados”, dijo Negri. La mayoría está mutualizado o con una pensión.
El tiempo de permanencia de cada usuario de estos centros, en tanto, varía según la cantidad de años de internación que cada paciente tiene en su haber: “Si una persona estuvo mucho tiempo internada necesitamos muchos años para externarla, porque es alguien que perdió contacto con la comunidad, el manejo del dinero, las normas de convivencia”, describió Negri.
El titular de Salud Mental, en tanto, señaló que las enfermedades de salud mental afectan entre el 20 y el 30% de la población total, y son cuadros de ansiedad, pánico, depresiones, sumadas a adicciones como el alcoholismo o la bulimia y la anorexia, todos trastornos vinculados a pérdidas, mudanzas y fallecimientos. “A partir del alcohol, por ejemplo, comienza la carrera adictiva, ya que le sigue la marihuana, la cocaína y eso incide finalmente en las enfermerdades y los suicidios”, enumeró el profesional.
La ley provincial
Intentará promover la democratización de los equipos de salud, haciendo eje en dispositivos interdisciplinarios para el tratamiento de los diferentes casos.
Cambiará la denominación de las personas que se atenderán en el área de salud mental, de “pacientes” a “usuarios”.
Creará una red sustitutiva al manicomio hasta el cierre definitivo de las instituciones monovalentes, y la prohibición de abrir futuros establecimientos similares.
El reconocimiento del servicio de externación y una espera
La Ley de Salud Mental 26.657 sancionada a nivel nacional hace un año revolucionó el concepto de demencia y de la rotulación “paciente psiquiátrico”, recomendando la internación de personas con padecimiento mental como un recurso terapéutico a utilizar sólo en situaciones excepcionales y en hospitales generales. Reconocer al paciente como sujeto de derecho y tender a la “desmanicomialización” se traduciría en privilegiar los tratamientos ambulatorios. En este sentido, un nuevo avance se dio en julio pasado en la provincia de Buenos Aires: el ministerio de Salud provincial reconoció a seis Centros de Día de Externación, entre ellos los tres de La Plata: Bassaglia, Pichón Riviere y la Casa del Pre- Alta.
A pesar de ello, hay una lucha histórica que aún no encuentra su correlato en la práctica: que la propia Provincia sancione su propia Ley de Salud Mental. En rigor, desde 2010 existe un proyecto del Frente para la Victoria. La comisión de Salud de dicha cámara “que, por acuerdo, acostumbra aprobar las iniciativas sólo por consenso, abrió una mesa de trabajo que funcionó cada 15 días, recibiendo a distintas organizaciones civiles para debatir el tema. Participaron más de 150 personas, entre representantes gubernamentales e independientes, que realizaron diversos aportes al proyecto original. Sin embargo, en mayo de este año, los diputados Ismael Pasaglia y Horacio Desimone, de otros bloques presentaron un proyecto con un espíritu manicomializador, radicalmente opuesto al que venía en debate –de claro sesgo desmanicomializador– y, en ese punto, el debate sobre una ley de Salud Mental provincial se trabó para no reflotarse hasta el día de hoy. Sólo se pidieron informes a los diferentes colegios profesionales, como el de médicos o el de psicólogos, que se expidieron a favor de mantener el status quo de las instituciones vigentes en materia de salud mental.
“El proceso se vio obturado ante la falta de consensos al interior de la comisión para aprobar el mismo. Los puntos nodales de disenso con las otras propuestas responderían al fuerte lobby de algunos sectores que continúan pensando que la atención de la salud mental es una cuestión estrictamente médica; sectores que se resisten a democratizar la conducción de los equipos de salud, a reconocer el derecho de los usuarios a participar del tratamiento en forma activa; pero fundamentalmente se oponen a las iniciativas que proponen la sustitución progresiva de los monovalentes ya existentes y la prohibición de crear nuevos efectores de este tipo” señaló la licenciada en trabajo social María Noelia López integrante de la platense asociación por la salud mental Oikos.
Ante la falta de iniciativa, trabajadores de la salud, psicólogos, trabajadores sociales y abogados comenzaron a integrar un Foro que será presentado el próximo 28 de octubre, que funcionará como un espacio interinstitucional e interseccional para monitorear y exigir el cumplimiento de la Ley Nacional 26.657, así como la pronta sanción de una ley provincial acorde al espíritu desmanicomializador.
Fuente: El Argentino









